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La toma feminista que reactivó la movilización contra la violencia hacia las mujeres

La Facultad de Humanidades de la Universidad Austral de Chile fue la primera en paralizar sus actividades a raíz de la denuncia de acoso en contra del profesor Alejandro Yañez. Le siguió, semanas después, la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, encendiendo aún más el panorama que se replica en distintas casas de estudio del país. Poner fin a la violencia hacia las mujeres, una educación no sexista y protocolos en casos de acoso y abuso al interior de los planteles, son algunas de las demandas de las estudiantes movilizadas.

Publicado el 24 de mayo de 2018

Por Tomás García Álvarez

Estudiante en práctica en Londres 38

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Danae Borax, vocera de la toma de Derecho de la U. de Chile

Son las tres de la tarde y en el frontis de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile se escucha un violín. En la escalera del edificio, de pie y con su instrumento al hombro, una joven interpreta melodías de Víctor Jara y mantiene la atención de un grupo de estudiantes. La presentación forma parte de la Jornada de Mujeres por el Arte organizada por la asamblea de la facultad. En la puerta de la sede de Pío Nono se lee el itinerario con distintas actividades que revelan el carácter de la toma en la que rotan cerca de 100 mujeres diariamente. Más tarde vendrá el taller de autodefensa feminista.

Una denuncia de acoso sexual y laboral en contra del ex presidente del Tribunal Constitucional y profesor titular de la escuela, Carlos Carmona, detonó la movilización que cumple cerca de tres semanas. Si bien los estudiantes se han movilizado por cerca de siete años por una nueva educación, tomándose y paralizando sus casas de estudio, esta toma tiene algo distinto. Una forma diferente de entender las relaciones, donde las mujeres son las protagonistas de un momento histórico; de la acción política.

La toma de Derecho se suma a otros 15 espacios educativos movilizados a nivel nacional, siendo la Facultad de Humanidades de la Universidad Austral la que puso el puntapié inicial a la movilización. Fue así como se encendieron las alertas de un movimiento que impregna las universidades y se extiende a los liceos emblemáticos de niñas.

"Me dijeron que me buscaban de nuevo. He hablado con todo el mundo ya", comenta entre risas Danae Borax, vocera de la toma. Una vez sentados, y con calma, nos cuenta que la ocupación fue la mejor forma de desencadenar este proceso. "Tenemos todo un historial de represión: aquí los paros no se respetan", afirma.

A Danae, al igual que Emilia Schneider, le ha tocado representar a su facultad en la oleada feminista que se articula en todo el país. Sin embargo, Danae reconoce que esto no es nuevo, y que la masiva marcha del 8 de marzo recién pasado lo dejó demostrado: "Ahí nos movilizó una demanda políticamente mucho más profunda, que es la precarización de la vida. Apuntar a la opresión que viven las mujeres, marcando hitos, revela que en general el movimiento feminista se está profundizando".

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Patio de Derecho de la U. de Chile en toma

El hecho que hayan sido las mujeres las primeras en reactivar la movilización estudiantil siembra la interrogante sobre si se trata de una reinvención del movimiento por la educación o es el movimiento feminista que se toma lo estudiantil. Para Danae Borax es una discusión aún no resuelta, pues la movilización está buscando su camino, pero sí rescata algo: la oportunidad para debatir sobre eso que "en mucho tiempo no hemos discutido; aquello que antes no se tomaba en cuenta".

Lo interesante, explica Borax, es que la movilización y la toma de la facultad no responde a un llamado generalizado de la Confech, ni tampoco a demandas trazadas previamente, sino más bien a una necesidad. Si bien la toma no ha adquirido un carácter separatista -exclusivamente de mujeres-, como sí se ha dado en otros espacios educativos, las mujeres han sabido dotar los espacios de discusión con características donde no prime la "masculinización" del debate. Lo diferente de la toma de Derecho, explica Danae, es la forma de relacionarse y entender al otro. La ausencia de hombres "cambia la dinámica de las asambleas, cambia la forma violenta con la que se tendían a abordar las discusiones políticas", indica.

Danae concuerda en que las mujeres no tienen miedo a enfrentarse políticamente en las asambleas, pero siempre se hace con un sentido "sororo", es decir, la solidaridad entre mujeres en un contexto patriarcal. La crítica está en la forma de hacer política, en la que los hombres históricamente han ocupado un lugar privilegiado. "Hemos planteado que lo principal es el desarrollo político y visibilización de las mujeres como sujetas políticas. Es prioridad que las mujeres también discutan, sean parte de la elaboración política y que nos tomemos ese espacio público. Esto cambió claramente las relaciones aquí en la toma", afirma Borax.

Esa mirada, en donde las estudiantes son participantes activas, es la que sostiene la toma feminista en la Facultad de Derecho. Mientras Danae prende un cigarrillo, nos habla acerca de que sus compañeros asuman tareas productivas en la toma, es decir, todo lo vinculado con el quehacer doméstico y de cuidado, lo que para las mujeres ha significado una oportunidad para debatir sobre los roles de género asignados al nacer.

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Distintos medios han mencionado que los hombres se hacen cargo de la cocina en las tomas ¿Cómo evalúas que se releve esto?

Nos sorprende que los hombres consideren indigno el trabajo doméstico. Nosotras, durante años en las movilizaciones, hemos sido quienes han levantado la olla común, quienes hemos limpiado todos los espacios para que los compañeros discutan sobre Marx. Eso es algo que nosotras ya no vamos a aguantar.

Al parecer, los alumnos estarían entendiendo el mensaje. Su participación en el aseo y seguridad durante la primera asamblea de mujeres de la Universidad de Chile -que convocó a más de 1.200 mujeres el 3 de mayo pasado- dejó entrever una actitud de disposición al cambio. Hacerse parte de una lucha que, por esta vez, no les corresponde encabezar.

¿Cómo se expresan las demandas del espacio universitario para hacerle sentido al resto de la sociedad?

Las feministas estamos peleando por la vida, por nuestra integridad y eso hace sentido. Las mujeres en todas partes saben qué es lo que vivimos: en la calle, en los trabajos, en nuestras casas, en nuestros espacios educativos. Al fin y al cabo, debemos apuntar a la transversalidad de lo que nosotras estamos planteando.

Para las mujeres, la toma del lugar busca expresar un descontento con la institucionalidad, aquella "que se ha visto rebasada" por la demanda feminista, dice Borax. Aparentemente las instituciones no estarían haciéndose cargo de la violencia que por mucho tiempo han experimentado las mujeres, también las identidades disidentes y las personas transexuales. Según un estudio de la Dirección de Igualdad de Género de la Universidad de Chile, encabezada por Carmen Andrade, cerca de un 15% de los y las estudiantes han indicado haber sido víctimas de casos de acoso o abuso sexual en la universidad.

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Esta realidad, que se repite en distintos ámbitos de la vida, representaría la impunidad que las instituciones y el Estado generan al no contar con protocolos, mallas curriculares y perspectiva de género en sus quehaceres. Para Danae, la institucionalidad debería garantizar espacios seguros: "Las instituciones no se hacen cargo de la violencia que nosotras estamos viviendo, no comprenden lo que significa asegurar la integridad de las personas. Ese es el derecho básico a vivir. Ese derecho no se materializa y queda demostrado con nuevos femicidios. Todo esto se relaciona directamente con los derechos humanos. Hoy la lucha de las feministas es la lucha por la vida", sentencia Borax.

La conversación aún no termina, pero un abrazo imprevisto sorprende a la estudiante. Una de sus compañeras aprovecha de comentarle que las estudiantes del campus Oriente de la Universidad Católica están discutiendo en asambleas. Se vuelven a abrazar. "Todo esto también está lleno de emociones", nos dice Danae. La mediáticamente llamada "oleada feminista" se propaga a lo largo del país con un mensaje que resuena e interpela. "Estamos todas juntas saliendo a responder. Ya no estamos denunciando, no estamos diciendo que es malo que nos maten, estamos diciendo que ya no lo vamos a tolerar más".

Una proclama que está remeciendo a las instituciones educativas, pero que también repercute inevitablemente en el resto de la sociedad. Las acciones de las mujeres están avistando a lo lejos una transformación cultural necesaria, un giro de mentalidad para cuestionar las relaciones de poder y las violencias ejercidas a lo largo de la historia. Por ahora, la articulación del movimiento feminista está emergiendo y las mujeres recuperando el lugar que les ha sido arrebatado.

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